28 de febrero de 2026. EE.UU. e Israel atacan a Irán y sube el precio del diésel renovable hasta superar los 2,5 €/l. ¿Cómo es posible, si no es un derivado del petróleo?

¿Es el diésel renovable la solución a esta nueva crisis de precios y al calentamiento global, ya detectado en 1938?

Barriles de biodiésel. Imagen: Mitra Sahara, CC BY 2.0

El precio del diésel renovable

A las 48 horas del ataque, el coste de los combustibles se dispara: en el Estado español, el gasoil A sube un promedio del 11 % en tres días. Y el diésel renovable (HVO), procedente de aceites usados, un 13 %. Y hasta un 40 % en un solo día, en casos puntuales.

¿Cómo puede ser que el HVO, que no depende del suministro de crudo, suba?

Según fuentes consultadas por Climática, el precio del HVO oscila igual que el del gasóleo, pues está sujeto a las leyes del mercado y ambos productos tienen un uso idéntico. O sea, son substituibles uno por el otro. Si el gasóleo sube, el HVO también.

Cuando leí este artículo de Climática, pensé “vaya m… de mercado, ¿no se puede regular de alguna forma?”.

Y, también, si no se podría hacer algo para disminuir el precio del HVO. Aparte de ahorrarnos dinero (a no ser que repercutiera en los impuestos), reduciríamos las emisiones de gases de efecto invernadero.

El origen de los biocombustibles y su huella ecológica

Antes de nada, vamos a ver cómo se produce este biocombustible, el HVO, y otro similar, el biodiésel. Entenderlo es imprescindible para responder a las preguntas que planteo.

El HVO se fabrica a partir de aceites vegetales usados. Si este aceite procede de recogida local, las emisiones de CO2 se reducen cerca de un 90 % durante la producción respecto el gasóleo. Pero las emisiones de CO2 en la fase de combustión, dentro del motor, son similares a las de un combustible equivalente derivado del petróleo. Así, utilizando HVO, evitamos el transporte de crudo desde su origen lejano. Además, estamos dando valor a un residuo muy contaminante, el aceite de cocina usado.

Pero resulta que el 80 % de este aceite que utilizamos en Europa para producir HVO proviene, en su gran mayoría, del sudeste asiático. Aquí la cosa cambia, pues ese transporte genera muchas más emisiones de CO2 que si fuera local. Los gobiernos, además, sospechan que puede haber substitución de aceite usado de importación por aceite de palma. O sea, un fraude.

El biodiésel, en cambio, se fabrica a partir de aceites vegetales extraídos directamente de la palma o la colza. Si las plantaciones se hacen a costa de talar la selva, como sucede en el caso del aceite de palma, entonces tenemos varios problemas ambientales graves, entre ellos la reducción de la biodiversidad, uso excesivo de agua y agroquímicos y erosión del suelo. Además de las emisiones de CO2, que se multiplican hasta por tres respecto al diésel fósil.

¿Elegimos destruir bosques en vez de extraer petróleo?

Yo lo tengo claro. No.

Entonces, lo que nos interesa para reducir las emisiones de CO2, es el HVO, procedente, en exclusiva, de residuos de grasas naturales.

El futuro de los biocombustibles

¿Cómo se podría fomentar el uso de este biocombustible? ¿Valdría la pena?

Voy al grano y a por la segunda pregunta primero.

De entrada, lo que necesitamos es reducir las emisiones de CO2. En este camino, los motores de combustión no tienen cabida.

Ahora mismo estamos en plena electrificación, una ruta que tampoco está exenta de emisiones y otros problemas ambientales.

A corto plazo, fomentar el uso del HVO es interesante como una pieza más del rompecabezas de la descarbonización y la reducción de la dependencia del petróleo, un recurso no renovable.

Pero, cuidado, ¿qué podría pasar si el precio del HVO fuera inferior, con diferencia, al del gasoil procedente del crudo?

Un aumento de la demanda conduciría al incremento de las importaciones de aceite usado o HVO. Esto implicaría mayores emisiones de CO2, algo no deseable.

También podrían aumentar los fraudes. De hecho, algunos países como Alemania e Irlanda, están investigando si en las importaciones de aceite usado se camufla el de palma.

En definitiva, por una parte, es deseable que los aceites de cocina se valoricen y tengan una vía de salida local en forma de subproducto, y contribuir, como una pieza más, aunque pequeña, a reducir la dependencia del petróleo a corto y medio plazo.

Pero, por otra parte, a largo plazo, salir de esta dependencia implica pasar por los motores eléctricos y otras tecnologías diferentes del motor de combustión que se puedan desarrollar en el futuro.

A décadas vista, en un mundo con escasez de petróleo, los biocombustibles no tienen cabida.