Hace unas semanas que fui por primera vez en bici al CREAF (UAB), desde Barcelona. Ya estaba harto de esperar 40 minutos el autobús de Sagalés para ir como sardinas. Además, la línea R7 de Rodalies, que era una buena alternativa -cuando no desaparecían los trenes-, lleva medio año sin funcionar.
No me extraña que muchas personas vayan en coche. De hecho, conozco algunas que antes utilizaban el transporte público y terminaron abandonándolo. No por comodidad, sino por falta de fiabilidad.

El camino de la riera de Sant Cugat a su paso por Cerdanyola del Vallès. La parte más naturalizada de la ruta de Barcelona a la UAB en bicicleta.
Bien, sea como sea, yo prefiero la bici:
- tardo lo mismo que en bus, o menos (a no ser que coincida mi horario con uno directo, fuera de hora punta y que sea puntual 🤞)
- empiezo el día como me gusta: en la naturaleza y en movimiento
- no dependo de horarios.
De Barcelona a la UAB en bici: la parte bonita
El verde me rodea por doquier, me acompaña el arrullo de la riera de Sant Cugat, que hace su camino a mi lado. A veces oigo cantar la oropéndola. Tengo suficiente con su melodía exótica, ya que, a menudo, no deja ver su plumaje dorado y negro entre los árboles.
En primavera, el olor profundo de las flores de saúco aparece de golpe en algunos tramos del camino. Dura unos segundos y desaparece. Me recuerda que, con ella, se puede hacer una excelente bebida dulce.
Sí, vale, hay días con el viento de cara a la ida y a la vuelta. Olas de calor. O llueve. Cosas de la naturaleza.
Infraestructura ciclable: aprovechando la red fluvial
Cuando fui a trabajar por primera vez al CREAF, en los años 90 del siglo pasado, el trayecto cómodo y agradable que hago ahora no existía.
O eras un fan de la bici de carretera y aceptabas estar rodeado de coches, o bien eras capaz de cruzar la Serra de Collserola, arriba y abajo, por caminos llenos de baches y piedras.
Yo era de estos últimos.
Ahora, en cambio, el recorrido desde el nordeste de Barcelona es un regalo.
Por fin, las administraciones han entendido que los ríos son ejes vertebradores del territorio para trayectos diarios en vehículos de movilidad personal.
Nada de esto apareció de golpe.
La ruta ciclable entre el nordeste de Barcelona y la UAB no es una única obra, sino el resultado de más de 25 años de coordinación. En concreto, del Consorci del Besòs, Àrea Metropolitana de Barcelona (AMB), Generalitat de Catalunya, UAB y ayuntamientos de Santa Coloma de Gramenet, Montcada i Reixac y Cerdanyola del Vallès.
Además, la recuperación ambiental y el uso público de espacios fluviales como el Parc Fluvial del Besòs también han contado con la participación de organismos como la Diputació de Barcelona y la Agència Catalana de l’Aigua (ACA), especialmente en ámbitos relacionados con la restauración fluvial, las zonas inundables y el dominio público hidráulico.
Los agujeros negros en la ruta
En Cyclocat clasificaríamos casi todo el recorrido como una ruta verde. Es decir, con pendiente mínima, buen firme y segregado de la circulación general. Sería el tipo de ruta que querría una persona sin experiencia y llevando a una criatura.
Ahora bien, el recorrido todavía tiene un agujero negro en el centro. Dos, en realidad: la travesía urbana de Montcada i Reixac y la conexión con Cerdanyola del Vallès.
Resulta sorprendente que, después de más de 25 años de carriles bici y caminos fluviales en el Besòs y la riera de Sant Cugat, estas discontinuidades sigan pendientes. Precisamente los puntos que faltan son los que impiden que el itinerario funcione como un corredor ciclable realmente continuo y accesible para todo el mundo.
La discontinuidad en el centro de Montcada i Reixac obliga a mezclar bicicletas y tráfico motorizado en una travesía incómoda para todo el mundo. El paso de ciclistas es constante. A mí no me gusta llevar coches delante y detrás; imagino que a sus conductores tampoco les entusiasma avanzar al ritmo de un pedaleo tranquilo. Aunque la velocidad está limitada a 30 o incluso 20 km/h y no tengo constancia de conflictos graves, no es un entorno que transmita seguridad a una persona inexperta o a alguien que lleve una criatura.
Después de los puentes de la C-33 y la C-17, los carriles bici van paralelos a la riera de Sant Cugat. Y, luego, el otro agujero: el paso bajo la C-58 y la vía del tren que no va a la UAB. O sea, la línea R7 que sigue parada. Esta parte no me molesta: es un tramo corto, algo pedregoso y con pequeñas cuestas. Pero para otras personas debe de ser un obstáculo.
Dos opciones de recorrido
La infraestructura principal ya existe. Lo que falta no es imaginar la red, sino cerrar sus discontinuidades.
En cambio, al final de la ruta, después del camino que sigue la riera de Sant Cugat en Cerdanyola, me llevé una sorpresa muy agradable: el carril bici continúa por toda la avenida de la Ciència hasta la universidad.
En el tramo de la riera de Sant Cugat hay dos opciones. Se puede escoger entre una ruta de inmersión en la naturaleza o bien otra urbana, todo asfalto y carriles bici. La primera implica caminos de tierra llanos, vados encementados con cuestas para atravesar la riera de Sant Cugat y un tramo estrecho y algo pendiente, muy corto. Es la que elijo yo. Es algo más corta y con menos desnivel.
Te la puedes descargar desde el siguiente enlace. Es un archivo GPX apto para dispositivos GPS y numerosas aplicaciones de navegación y gestión de itinerarios.
Ruta Barcelona – Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) por la riera de Sant Cugat
Cuando las redes ciclistas están bien conectadas, mucha gente descubre que desplazarse en bici deja de ser una actividad deportiva o militante y pasa a ser simplemente una forma eficiente, agradable y cotidiana de moverse.
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