En muchos programas visionadores de fotografías se pueden observar unas estrellas situadas al lado de cada archivo. Esto se puede ver tanto en los más sencillos navegadores propios de cada sistema operativo como en los más completos programas de gestión y/o edición fotográfica.

Éste es el aspecto en el navegador de Windows 7 y en Lightroom 4:

Así muestra las categorías de las fotografías el sencillo navegador de Windows 7

Así muestra las categorías de las fotografías el sencillo navegador de Windows 7. Clica en la imagen para verla más grande.

Así muestra las categorías de las fotografías el editor y gestor fotográfico Lightroom 4.

Así muestra las categorías de las fotografías el editor y gestor fotográfico Lightroom 4. Clica en la imagen para verla más grande.

Estas 5 estrellas corresponden a la categoría que podemos asignar a cada fotografía. Pero, ¿para qué asignar categorías? Cuando realizamos una búsqueda en nuestro archivo sobre cualquier tema, es posible que el resultado sea de decenas de fotografías, sino de cientos o miles, especialmente si nuestro archivo es grande. Es tedioso hacer una selección en ese momento, sobre todo si tenemos prisa. Si previamente hemos categorizado nuestras fotografías, la elección es mucho más fácil: la mayoría de programas visionadores de imágenes pueden filtrar los resultados en función de la categoría de las fotografías y otros metadatos. Por ejemplo, podemos escoger ver las fotografías con 3 estrellas o más.

Así filtra Lightroom las fotografías de categoría igual o superior a 3.

Así filtra Lightroom las fotografías de categoría igual o superior a 3

Las estrellas tienen una ventaja adicional. Es un tipo de metadato que suele ser compatible entre la mayoría de programas. Es decir, si marcamos una fotografía con 4 estrellas mediante Lightroom o incluso con el explorador de Windows, es muy probable que podamos leer y editar esa información con cualquier otro programa.

Pero no es cuestión de lanzarse a poner estrellitas sin más. Es algo que también requiere tiempo y, al fin y al cabo, nuestro objetivo es conservar nuestras imágenes y poder encontrar las que nos interesen, todo ello invirtiendo el mínimo de tiempo posible. Así que, antes de nada, es mejor invertir unos minutos u horas definiendo los criterios de pertenencia de las imágenes a cada categoría, información que sería deseable conservar a largo plazo. Los criterios son muy personales y dependerán del tamaño y uso de nuestro archivo fotográfico. No es suficiente con pensar «las de 3 estrellas son mejores que las de 2». Hay que poner por escrito los criterios de asignación a cada categoría y tener el documento a mano. Como ejemplo pongo, resumidamente, los criterios que utilizo:

  • 0: Es probable que no las utilice pero no las quiero borrar.
  • *: Son suficientemente buenas para algún trabajo profesional o para una sesión de fotos familiar o entre amigos.
  • **: Son las mejores de un trabajo, reportaje, sesión o situación.
  • ***: Imagen candidata para portafolio, importante en mi archivo.
  • ****: Exclusivamente mis mejores fotografías.
  • *****: Me guardo esta categoría sin usar hasta que tenga **** en exceso.

Es importante comentar que utilizo (adaptado a mi caso) un consejo de Peter Krogh, consultor en gestión de archivos fotográficos: cada categoría debe tener el 10 % de fotografías de la categoría inferior. Por ejemplo, si en un trabajo concreto tenemos 100 fotografías categorizadas con «**», es recomendable categorizar con «***» unas 10. Esto permitirá que el filtro de fotografías por categorías sea realmente efectivo.

Representación aproximada de la relación entre la cantidad de fotografías de diferentes categorías (1:10).

Representación aproximada de la relación entre la cantidad de fotografías de diferentes categorías (1:10).

Una vez definidos los criterios de cada categoría es mucho más fácil, rápido y útil categorizar fotografías. Aunque, antes de empezar, hay que preguntarse cuándo categorizar.

La edición gráfica es un proceso complejo y largo del cual la categorización puede formar parte y ser de gran ayuda. Y forma parte de nuestro flujo de trabajo, de la rutina que sigue cada uno habitualmente desde que realiza una fotografía hasta que se puede considerar finalizada su edición, introducción de información (metadatos) y publicación. Así que, dentro del flujo de trabajo habitual, ¿cuándo es mejor categorizar? El flujo de trabajo es algo muy personal que conviene tener bien definido. En mi caso, durante la descarga de un trabajo fotográfico en el ordenador, suelo poner los metadatos que coinciden en todas las fotografías: una breve descripción, ubicación general y quizás alguna palabra clave. Luego las categorizo hasta «*» o «**». Ello me permite empezar a hacer una selección de imágenes para trabajar un tema o un reportaje. Para las categorías superiores dejo reposar las fotografías un tiempo. Esto permite ser más objetivo a la hora de seleccionarlas, dejando a un lado (que no olvidando) las emociones vividas durante el trabajo de campo. Las categorías superiores también sirven para ahorrar tiempo, invirtiéndolo, sobre todo, en las fotografías más valiosas.

La categorización de fotografías y otros temas de suma utilidad forman parte del «Taller de gestión del archivo fotográfico digital» que imparto habitualmente. ¡Inscríbete! Consulta las próximas fechas. Si tienes dudas, pregúntame.

Valentí Zapater